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Un joven platero antequerano, José Cantos, realiza una corona con las técnicas artesanales del siglo XVIII que será con la que se corone a la imagen de los Dolores de la Hermandad del Santísimo Sacramento de Casabermeja. Hace casi dos siglos que no se elabora una pieza siguiendo los cánones de la antigua escuela de plateros que surgió en la Antequera dieciochesca y que fue una de las más importantes de la provincia con casi 200 profesionales adheridos, entre ellos, autores de piezas que ya forman parte del patrimonio más reconocido dentro del mundo cofrade como Joaquín de Lara o Francisco Durán.

Nombres propios que Cantos ha tenido muy en cuenta y que han servido de inspiración desde el primer minuto en el que el autor comenzó a diseñar, sobre un boceto, esta pieza en la que se miman los elementos que muchos reconocen como estilo antequerano. «El cincelado y el repujado es la base de este trabajo artesanal que ya apenas se utiliza, tenemos que remontarnos a finales del siglo XIX para encontrar las últimas grandes coronas que se ejecutaron en Antequera», dice el autor de la corona que lleva casi seis meses trabajando en el proyecto.

La pieza, que tiene de base unos tres kilos de plata, cuenta con una estructura que reconoce a las coronas antequeranas del barroco tardío: seis imperiales, una canastilla o bonete, una ráfaga y una bola terráquea sobre la que hay una Cruz. «Todo tiene un por qué en la estructura pero lo que reconoce a eso que definen como estilo antequerano no es tanto la composición sino la dimensión de las piezas, sobre todo la canasta es más alta para llenar el espacio que quedaba entre la imagen y el techo de palio, si uno lo analiza te das cuenta que todo tiene un por qué», asegura. 

Cantos tienen ya a sus espaldas trabajos de relevancia y por su taller de Antequera han pasado para su restauración muchas de las piezas más importantes del mundo cofrade de la provincia, la mayoría, en Antequera y la comarca, herencia de los ahora reconocidos plateros antequeranos. Es por ello, por lo que quizá, no ha sido casualidad que la hermandad de Casabermeja se fijara en el autor para el desarrollo de este importante proyecto, además ha confiado ya en el artista para otras piezas de la cofradía.

En los últimos años los historiadores están realizando una labor casi arqueológica para recuperar las características del estilo que se dio en la zona y que ahora quiere también recuperar la Cofradía del Sacramento de Casabermeja, que cuenta con un fuerte asesoramiento de técnicos patrimoniales.

Y la base de ese estilo es el proceso de elaboración. Todo comienza en una lámina de plata lisa, apoyada en una resina especial, sobre la que se dibuja a mano alzada el dibujo elegido para cada una de las partes de la corona que luego, como si de un puzle se tratara, se unen para formar una pieza cuya forma y detalles la hacen única. “El proceso es todo obra propia, desde el boceto hasta que se termina”, detalla Cantos mientras ordena más de una veintena de cinceles, fabricados también por él mismo, con los que debe pacientemente dar forma a cada uno de los dibujos de la pieza.

Golpe a golpe se moldea una estructura que a pesar de su precisión, el autor asegura, nunca será perfecta. Precisamente, el toque de cincel es el alma de este juego artesano de platería y lo que le da valor a esta pieza que la familia Jiménez Durán ha querido hacer para su venerada imagen.

José Cantos es la cuarta generación de plateros antequeranos y por eso ahora, en homenaje a ellos, quiere conservar con su trabajo el valor de lo artesanal que desarrolló su bisabuelo Salvador González y que ha visto desde pequeño en su padre, ése mismo proceso que las nuevas técnicas han llevado al desuso cerca de 200 años y que ahora parece estar más vivo que nunca en las manos de este joven autor.

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