La existencia de varios menhires en el entorno del Sitio de los Dólmenes de Antequera ha abierto una nueva línea de investigación sobre la red de caminos que recorrieron las comunidades prehistóricas en la comarca. La arqueóloga Lidia Cabello lidera este proyecto desde 2018, cuando se incorporó al Conjunto Arqueológico. Su llegada coincidió con la aparición de una piedra de grandes dimensiones en las inmediaciones de los dólmenes. Ese descubrimiento le llevó a plantear que no se trataba de un hallazgo aislado, sino de una posible evidencia de rutas ancestrales señaladas con monolitos.
“En ese momento ya tenía localizadas varias “piedras hincadas” en el entorno de los Dólmenes, y la aparición fortuita de un nuevo menhir me hizo plantearle al antiguo director Bartolomé Ruiz la necesidad de abordar un estudio sobre estos hitos en el paisaje, pues consideraba que eran unos hallazgos excepcionales y que debían ser estudiados, ya que podríamos estar ante las primeras evidencias documentadas de menhires y por tanto de las rutas que pudieron utilizar las comunidades prehistóricas hace milenios”, confirma la investigadora.
El estudio ha permitido documentar hasta ahora diez menhires en el área más próxima al conjunto megalítico y otros cuatro en lugares más alejados. La mayoría se conserva en excelente estado y permanece en su posición original, lo que multiplica el valor de la investigación. “El estado de conservación de todos los menhires es excelente, la mayoría de ellos se conservan “in situ” es decir, en su posición original, algo que resulta primordial para un estudio como el que abordamos”. Su ubicación, junto a antiguas cañadas y veredas, confirma que formaban parte de un sistema de señalización en el paisaje que conectaban lugares con un significado especial
La importancia de la tradición oral en el estudio
Uno de los pilares sobre los que se vertebra la investigación es la tradición oral de los pastores y lugareños, que han sido elementos claves en el estudio. Muchos recuerdan que estas ‘piedras hincadas’ servían como referencia para iniciar juntos largos desplazamientos. Una de las historias más repetidas habla de la llamada ‘piedra hinca’, de más de dos metros de altura y hoy desaparecida, en torno a la cual los viajeros se reunían para emprender el camino hacia Sevilla o hacia Antequera.
“Según los mayores, la gente del campo de cámara quedaba en lo que llamaban “La piedra hinca”, una piedra de más de dos metros de alto, para seguir juntos en el camino hacia Sevilla o Antequera demostrando que la memoria colectiva ha mantenido viva la historia de los caminos ancestrales presentes al menos desde el Neolítico”.
La memoria oral se enlaza con la función ritual y social que los menhires pudieron tener desde el Neolítico. Su vinculación con fenómenos astronómicos refuerza esta idea. “Los grupos humanos de la Prehistoria podían usar la posición del sol en determinados días para decidir direcciones o marcar hitos, como los menhires, en sus recorridos. Podían contar además con formaciones naturales como la Peña de los Enamorados (figura antropomorfa) que funcionaba como un referente en el paisaje visible desde una larga distancia. Su presencia pudo ayudar a confirmar la llegada al recorrido final, marcar un descanso o indicar la proximidad de un asentamiento o de una ruta de paso entre valles y montañas”, apunta Cabello.
Dólmenes como santuarios y espacios de encuentro
El estudio subraya que Antequera pudo funcionar como un lugar de encuentro de comunidades dispersas, más que como un poblado fijo de gran tamaño. Las evidencias arqueológicas no confirman la existencia de un asentamiento principal, sino de pequeños núcleos habitados. Esta circunstancia refuerza la hipótesis de que el conjunto megalítico actuó como un santuario que concentraba a grupos de diferentes territorios en momentos señalados.
Los paralelismos con otros enclaves europeos son inevitables. Aunque arquitectónicamente distintos, los dólmenes de Antequera y Stonehenge comparten el mismo valor como centros de agregación social y cultural. En ambos casos, la monumentalidad reforzó la identidad grupal y favoreció las redes de intercambio. “Muchos de estos espacios presentaban buenos recursos y pudieron facilitar rutas de intercambio de objetos, ideas y tecnologías. Los dólmenes, actúan como hitos que consolidan redes de movilidad y rutas entre valles y pasos de montaña y asentamientos”. Este carácter itinerante explica por qué los menhires aparecen como señales distribuidas a lo largo de antiguos caminos de paso entre valles y montañas.
Cronología de los hallazgos
Para avanzar en la cronología de los hallazgos, el equipo utiliza técnicas como la Luminiscencia Ópticamente Estimulada (OSL), aplicada a los sedimentos que sellan la base de los monolitos. Los análisis, en colaboración con el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), permitirán conocer si los menhires son coetáneos a los Dólmenes de Antequera. La posibilidad de confirmar esa contemporaneidad abriría una nueva interpretación sobre el papel de Antequera en el megalitismo europeo.
“Si lo sumamos al resto de menhires documentados en Tierras de Antequera, la hipótesis que alejaba esta zona interior de Andalucía de la presencia de menhires queda totalmente superada. Antequera se presenta hoy como un ámbito muy sugerente para discutir la relación entre grandes y pequeños dólmenes, y menhires previos, además de para seguir la biografía de menhires que formaron parte de la manera de marcar las rutas y caminos de la relación con otros ámbitos territoriales”.
En este contexto, la arqueóloga reconoce que aún queda mucho por explorar. “Tenemos por delante un apasionante trabajo, hemos abordado la investigación en un área pequeña y nos gustaría profundizar en un espacio mayor para comprobar si se repite el patrón documentado en Antequera”. Sin embargo, reconoce que “las actividades de labranza y desmontes han ocultado o incluso destruido parte de este patrimonio prehistórico, pero el hallazgo de estos menhires en Antequera abre una nueva vía de investigación muy interesante”.
Por ello es importante proteger y preservar estos restos patrimoniales. “Es fundamental que los menhires que aún existen permanezcan intactos tal y como lo dejaron nuestros antepasados hace milenios”, confía Lidia Cabello.