El Arce de Montpellier, el árbol centenario que protege al Torcal de Antequera

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En las entrañas del paisaje laberíntico del Torcal de Antequera se esconde una joya centenaria de más de nueve metros de altura conocida como el guardián del Torcal. Se trata del Arce de Montpellier (Acer monspessulanum), un árbol que destaca por su vulnerabilidad, ya que, como buena joya, no son muchos los ejemplares que se pueden encontrar de él, razón por la que se incluye en el Libro rojo de la flora silvestre amenazada de Andalucía.

Más allá de su belleza, la importancia de este ejemplar, que proyecta más de 107 metros de alivio frente al sol, radica en su alto valor ecológico y su singular rareza, siendo además especialmente sensible a cualquier alteración de su entorno natural. 

Durante años, este árbol centenario ha servido de refugio para quienes transitaban por el lugar, siendo testigo silencioso del paso del tiempo y de los cambios en la climatología que han marcado la historia del Torcal. Vientos, heladas, veranos y largos periodos de sequía no han impedido que el arce haya logrado perdurar hasta nuestros días, adaptándose a un medio tan exigente como espectacular.

Los elementos de esta belleza natural que más llaman la atención a los curiosos que se acercan son su gran tronco ramificado y la corteza de color gris marronáceo, tan inusual que durante las primeras décadas se mantiene lisa, pero que al envejecer se fisura y queda dividida en pequeñas placas, aportándole un aspecto aún más robusto.

Su silueta se completa con un follaje que ofrece sombra generosa y con curiosas semillas moldeadas por dos nueces aladas —sámaras— que contienen una semilla cada una. Sus alas apuntan hacia abajo en un ángulo agudo y facilitan su dispersión por el viento, permitiendo que sus frutos, primero rojizos y posteriormente marrones al madurar, viajen por el paraje en busca de nuevos espacios donde germinar.

Además de embellecer el entorno, el arce contribuye a la biodiversidad del Torcal, ofreciendo cobijo a pequeños animales, aves e insectos, que encuentran en él un punto de protección frente a las inclemencias del clima y los depredadores. 

La ruta amarilla, la mejor opción para descubrirlo

Conocer el Arce de Montpellier es más sencillo de lo que podría parecer. Una de las formas más habituales que utilizan los senderistas para llegar hasta el ejemplar es la ruta amarilla, un recorrido circular de apenas tres kilómetros que discurre por el Torcal Alto y permite disfrutar de algunas de las vistas más emblemáticas del paraje. No obstante, a través de la ruta verde, una de las sendas más conocidas y accesibles, también es posible alcanzar el entorno del arce de forma cómoda y segura.

Durante el trayecto, además del árbol, los visitantes pueden descubrir las caprichosas figuras de piedra que han dado fama internacional al Torcal. Formaciones como la Esfinge, que recuerda a la silueta de una mujer tallada en roca,  el Tornillo, el Sombrerillo, el Camello, la Jarra, la Aguja, los Binoculares, el Macetón o el Tótem, convierten cada paso en una experiencia casi onírica. Este conjunto de valores geológicos y paisajísticos fue determinante para que el Torcal fuese reconocido oficialmente como Paraje Natural en 1989 y Patrimonio Mundial por la Unesco hace diez años. 

Sobre sus 20 kilómetros cuadrados de superficie, donde conviven más de 664 especies de plantas y 116 tipos de animales, el guardián del Torcal se alza como símbolo de fortaleza frente al paso del tiempo. Su sombra inquebrantable sigue sirviendo de referencia y refugio para quienes se adentran en este singular bosque de piedra, recordando que, incluso en los paisajes más duros, la vida encuentra la forma de mantenerse y resistir.

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