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Los pueblos de la comarca de Antequera celebran sus Candelarias

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Hay algo hipnótico en el fuego que nos devuelve a lo primario. Para muchos, el inicio de febrero sigue perteneciendo a la leña de olivo apilada en la puerta de casa, a las noches de risas y a ese olor a brasas que marca la despedida del invierno. 

En los pueblos del interior de Málaga, donde el frío de la sierra no entiende de microclimas costeros, la Candelaria sigue siendo ese rito necesario, casi animal, de reunirse en torno a la hoguera para espantar a los malos espíritus y, de paso, dar cuenta de lo que queda en la despensa tras la matanza.

La ´quema´ es ese momento especial en el que el vecino deja de serlo para convertirse en familia, compartiendo un trozo de chorizo al fuego y un chorreón de aceite de la tierra. Porque para muchos pueblos, dónde aún conservan y mantienen intactas sus tradiciones más preciadas, la fiesta no es para el turista; es una celebración para disfrutar de lo nuestro, del crujir de la madera y el murmullo de aquellos que, por una noche, se olvidan del ruido, las pantallas y el frío y se dejan al fuego. 

En pequeños municipios como Villanueva de la Concepción, los mayores del lugar recuerdan, llegadas estas fechas, las celebraciones de antaño y lo que, para entonces, era todo un evento. “Apilábamos palos y ramas durante todo el año para tener suficiente para todos al llegar febrero”. Claro está, todo era muy diferente. “Lo que hoy se hace como algo habitual, antes era toda una fiesta. Una noche para desconectar y disfrutar del poco tiempo que se tenía libre”. Sin embargo, aunque de una forma diferente, esta fiesta ha conseguido mantenerse firme hasta nuestros días, recordando la importancia de estar con los nuestros y disfrutar de los pequeños momentos especiales. 

“A mi siempre me ha gustado pensar que las Candelas también son una forma de quemar lo que ya no queremos en nuestra vida, aunque no sea de forma literal”, explica Antonio que, como vecino del lugar, ha visto a su familia crecer junto a esta tradición. “Es algo emocionante porque, cuando era un niño, me sentaba justo aquí, en esta misma tierra, pero era mi padre el que me ayudaba a sostener la rama de olivo para echarla al fuego y pedir un deseo. Ahora, que él ya no está, soy yo el que coge la mano de mi hija para ayudarla a hacerlo”. 

Hay algo de rebeldía en ver a los jóvenes del pueblo manteniendo viva una tradición que sus abuelos ya practicaban cuando el hambre apretaba más que el frío. Es la victoria de lo auténtico sobre lo efímero.

Un fin de semana de candelas

Durante el fin de semana han sido muchos los pueblos que se han querido sumar a la fiesta, celebrando la pequeña tregua que dejó la lluvia. 

En Fuente de Piedra, la Candelaria se vive cada año con una de las tradiciones más singulares de la zona: la combinación de choricitos y sardinas. Alrededor de las candelas, los vecinos mantuvieron viva este pasado sábado  la costumbre de cantar y jugar en corro. Otro de los puntos más importantes de la celebración fue la presentación de los niños ante la Virgen y la posterior procesión por las calles del centro.

A pocos kilómetros, en Humilladero, la actividad se desplazó a los barrios. Puntos como La Realenga o Los Carvajales se convirtieron en los epicentros de la noche. Aquí, el ayuntamiento suele colaborar con la leña, pero son los vecinos quienes transforman cada hoguera en un pequeño centro social al aire libre donde los productos de la tierra son los verdaderos protagonistas.

Antequera, por su parte, celebró la festividad de la Candelaria con la presentación de los niños a la Patrona y el paso bajo el manto de todos los asistentes en la Iglesia de los Remedios. 

La fiesta continuó hasta el 2 de febrero en muchos puntos

En Villanueva de Algaidas, la noche del uno de febrero se volvió a endulzar con ese chocolate con churros que ya es marca de la casa en el Recinto Ferial. Por su parte, en zonas como Villanueva del Trabuco y Villanueva de la Concepción, el lunes 2 de febrero se cerró el ciclo a ritmo de verdiales, acompañándose de la degustación de embutidos y placeres de la tierra que pusieron la guinda a una de las celebraciones más antiguas y arraigadas de las zonas rurales de la provincia. 

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