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Excavando el techo de cristal: la batalla de las mujeres en la arqueología

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Lavar piezas. Clasificar fragmentos. Llevar el registro. Durante años, ese fue el trabajo visible de muchas arqueólogas en las excavaciones españolas. El invisible, el que no se firmaba pero sin el que la investigación no existía, era otro.

Con motivo del Mes de la Mujer, el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera acogió el pasado 12 de marzo la proyección de Off the Archaeological Record, un documental que recorre la historia de la arqueología española en clave de género. Tras la pantalla, tres de sus protagonistas tomaron la palabra: Paloma Zarzuela, investigadora predoctoral de la Universidad Autónoma de Barcelona y autora del proyecto doctoral que da origen al film; Isabel Mancilla Cabello, de la Universidad de Granada; y Lidia Cabello Ligero, arqueóloga del propio Conjunto Arqueológico y una de las voces más reconocibles del patrimonio antequerano.

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Lo que el documental no deja olvidar

Off the Archaeological Record nació como parte de una tesis doctoral en curso. Paloma Zarzuela reunió testimonios de arqueólogas de distintas generaciones para construir un relato que va de lo académico a lo íntimo. El resultado es un documento que incomoda, porque pone cifras y rostros a algo que muchas intuían pero que pocas habían visto tan bien documentado.

Dentro del documental aparecen investigadoras que vivieron algo que hoy cuesta imaginar: tener que vestir diferente al resto de los hombres para que nadie dudara de su lugar en la excavación y alejadas de la mesa donde se escribía y se firmaba. «Había investigadores que te dicen en la entrevista que sus mujeres hacían gran parte de la investigación, pero como a la editorial no les parecía bien, a lo mejor no aparecían ni siquiera «.

Para Cabello, eso tiene nombre: damnatio memoriae. Una condena al olvido. Y añade algo más: no reconocer la autoría fue también una pérdida científica, porque las mujeres aportaban, y aportan miradas distintas sobre el registro arqueológico. Como las del grupo Pastwomen, que trabaja para incorporar una perspectiva femenina en la interpretación de actividades que durante décadas se consideraron secundarias: el cuidado, el mantenimiento, la recolección. Actividades tan fundamentales para la supervivencia de los grupos humanos como la caza, pero que rara vez protagonizaban los titulares de los estudios.

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El techo que todavía existe

Lidia Cabello es directa cuando se le pregunta si las cosas han cambiado. La respuesta es sí y no. Sí, en el sentido de que las arqueólogas de hoy tienen más presencia, más voz y más herramientas para reclamar su lugar. Pero hay dos frentes donde la desigualdad persiste. El primero es la conciliación. Cuando llega la maternidad, el peso de equilibrar una carrera con ritmos de campaña, desplazamientos frecuentes y contratos precarios recae de forma desproporcionada sobre las mujeres. Algunas compañeras, señala Cabello, han tenido que retrasar su maternidad porque el sistema no les daba margen para otra cosa.

El segundo frente es el techo de cristal en los puestos directivos. Cuantas más arqueólogas acceden a la universidad como docentes o investigadoras, más visible se hace la diferencia entre quienes llegan a dirigir y quienes se quedan a las puertas. 

«Ni un paso atrás»

La arqueología es, en el fondo, el arte de encontrar lo que otros enterraron o dejaron atrás. Hay algo irónico en que durante décadas fueran precisamente las mujeres quienes desenterraban el pasado mientras su propio trabajo quedaba sepultado bajo otra firma.

“Es verdad que en el camino vamos a encontrar muchísimas piedras, pero que esas piedras al igual que están en la naturaleza tienen fisuras y que debemos aprovechar esas fisuras para marcar que seguimos aquí trabajando, que somos muy cualificadas y que somos al igual que cualquier compañero”, defiende la arqueóloga. “No podemos volver atrás y tenemos que crear un futuro para esas niñas que se quieran dedicar a la arqueología o a cualquier otro otra profesión”.

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