Miércoles Santo al son de la Legión en Antequera

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Hay un momento en el Miércoles Santo de Antequera que no se anuncia, pero que todos esperan. Es cuando los hermanacos se doblan bajo los varales, el trono tiembla un instante antes de levantarse y el Cristo del Mayor Dolor sale a la calle con esa expresión arrodillada que parece dirigirse a cada uno de los que lo esperan. Esos segundos lo detienen todo.

Así fue también el Miércoles Santo de 2026 en la ciudad de los Dólmenes. La Real, Pontificia e Ilustre Archicofradía del Santísimo Cristo del Mayor Dolor y Nuestra Señora la Virgen del Mayor Dolor volvió a ocupar el ecuador de la Semana Santa antequerana con una estación de penitencia que arrancó a las nueve de la noche desde la Iglesia Colegial de San Sebastián y no concluyó hasta bien entrada la madrugada. Jesús Diez de los Ríos Fuentes, Hermano Mayor de la cofradía, encabezó un cortejo que llenó cada esquina del itinerario y dejó en la ciudad la huella característica de su paso: pétalos en los adoquines, el eco del himno legionario y el silencio que siempre sigue a lo que no necesita explicación.

La jornada comenzó a las ocho y media de la mañana en la iglesia de San Sebastián, y a mediodía se celebró la misa previa a la procesión. Pero fue a las 13:30 horas cuando la Plaza de San Sebastián y sus aledaños empezaron a llenarse de un ambiente que en Antequera solo tiene un nombre: el traslado legionario.

El Cristo del Mayor Dolor, obra del escultor antequerano Andrés de Carvajal, fue trasladado a hombros de caballeros del Tercio Gran Capitán 1 de la Legión entre saetas y el fervor de los devotos congregados desde el mediodía. El recorrido por las calles próximas al templo culminó en la Plaza del Coso Viejo, donde la figura barroca del Señor hizo parada frente al monumento ecuestre del Infante don Fernando. Allí sonó el Novio de la Muerte. Los aplausos y los vivas a la Legión cerraron un momento que, año tras año, se repite con la misma intensidad y que la ciudad no parece cansarse de vivir.

El desfile de Armadilla: el preludio que prepara la noche

A las ocho de la tarde, con la luz ya retirada, arrancó desde la calle Madre de Dios el Desfile de Armadilla. Banderines, guiones, banda de guerra y el piquete de honores del Tercio Gran Capitán marcaron el paso por las calles que conducen hacia San Sebastián, donde a las nueve en punto el cortejo estaba listo para iniciar su estación de penitencia.

El itinerario discurrió por la avenida Infante Don Fernando, San Agustín, Lucena, Madre de Dios, Cantareros, San Luis, Alameda de Andalucía —donde tuvo lugar el encuentro— y de vuelta por San Luis, Infante Don Fernando y San Agustín hasta el templo.

El Cristo del Mayor Dolor, escoltado por el Tercio Gran Capitán 1 de la Legión, recorrió la ciudad con la solemnidad que le impone la figura de Andrés de Carvajal: ese gesto arrodillado, esa expresión que parece sostenerse en la tensión entre el dolor y la entrega, que en el silencio de la noche resulta difícil de mirar sin detenerse. A su paso, desde los balcones que bordean la avenida Infante Don Fernando y las calles del recorrido, cayeron pétalos que cubrieron el trono y el empedrado con un manto que se fue oscureciendo a medida que la noche avanzaba.

La Virgen del Mayor Dolor, acompañada por la Banda de Música del Rincón de la Victoria, cerró el cortejo con la majestuosidad de su obra de talla completa. Madre e hijo se encontraron en la madrugada, entre odas y aplausos, antes de regresar a San Sebastián.

Los estrenos

La Archicofradía del Mayor Dolor presentó en 2026 novedades que reflejan el trabajo sostenido de la hermandad en la renovación de su patrimonio artístico.

El cortejo del Cristo estrenó dos dalmáticas en tisú bordado en oro de color burdeos, así como dos incensarios y una naveta en metal plateado de estilo gótico, piezas que sumaron al conjunto una línea de orfebrería coherente con la sobriedad del ajuar de la cofradía.

El trono de la Virgen del Mayor Dolor presentó también el bordado del techo de palio, la bambalina frontal y la crestería, trabajos que completan una renovación en el conjunto de la imagen mariana que los cofrades han seguido de cerca durante los últimos meses.

El Mayor Dolor ocupa en la Semana Santa de Antequera un lugar que va más allá del calendario procesional. La incorporación de la Legión al cortejo —un vínculo que arranca en los primeros años de la cofradía, fundada en 1950— convierte la salida del Miércoles Santo en un acontecimiento que moviliza a miles de personas llegadas de otros puntos de la provincia y de fuera de ella.

La cofradía, con sede canónica en la Iglesia Colegial de San Sebastián, cerró su Miércoles Santo de 2026 con el regreso de los tronos al templo pasada la una y tres cuartos de la madrugada. Las calles empezaron a vaciarse despacio, con esa cadencia lenta del final que ya anticipa el Jueves Santo.

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