
Vecinos, trabajadores y bañistas denuncian que lo básico —limpieza, contenedores, vallas y vigilancia— lleva años sin llegar
En la orilla del embalse del Conde de Guadalhorce, donde empieza la zona de baño, una madre encontró cristales rotos mientras su hijo pequeño jugaba en el agua. Hizo una foto y la envió. Esa imagen, una más entre decenas, forma hoy parte de un archivo que un grupo de vecinos y visitantes está construyendo para documentar el estado de uno de los enclaves naturales más visitados de la provincia de Málaga.
«Vecinos y trabajadores de la zona son los que, en ocasiones, terminan recogiendo la basura acumulada en las papeleras y en los alrededores», explican los impulsores de El Chorro Project, la iniciativa ciudadana que ha puesto en circulación una petición de firmas y mantiene una cuenta pública de seguimiento en Instagram. El retrato que hacen es concreto: cartones, botellas de plástico, bolsas, vidrios rotos, vasos de cristal, latas y ropa acumulados alrededor de papeleras desbordadas o directamente en el suelo. No hay una medición en kilos, pero sí una constante, la acumulación es visible y se repite.
Señalan tres zonas principales. La más grave, a su juicio, es el arranque de la zona de baño del Conde de Guadalhorce, donde se han encontrado restos de vidrio en la propia orilla, procedentes de botellas rotas a escasos metros del agua donde se bañan familias enteras durante el verano. Las otras dos son el entorno del mirador de la Mesa de Villaverde, en Bobastro, y las inmediaciones de los accesos al Caminito del Rey. A la basura se suma el estado de las infraestructuras: las vallas que protegen tramos de camino con desnivel llevan rotas, según su testimonio, más de seis años. «Recuerdo que en el covid ya estaba así».
No es solo una cuestión de imagen
El colectivo insiste en que el asunto no se agota en la mala estampa de un destino turístico. En un entorno forestal, y durante los meses de mayor riesgo, la acumulación de residuos y materiales combustibles añade una circunstancia de peligro evitable: una colilla o cualquier objeto incandescente puede actuar como fuente de ignición, y las barbacoas y fuegos también. Álora fija su periodo de peligro alto de incendios entre el 1 de junio y el 15 de octubre y prohíbe barbacoas y fuegos en determinadas zonas verdes y forestales durante ese intervalo, pero «ante la falta de cuidado y vigilancia que se constata en la zona, no sabemos con certeza qué normas se cumplen y cuáles no», responden.
Hay un segundo frente, el agua. Las papeleras, según denuncian, están a escasos metros de la orilla y en pendiente, de modo que cuando se llenan parte de los residuos termina en el suelo y, por gravedad, viento o lluvia, puede acabar en el embalse.
Las firmas seguirán un recorrido formal y escalonado: registro oficial en los ayuntamientos, presentación ante la Junta por sus competencias sobre el espacio protegido, solicitud de reunión con las administraciones implicadas, petición de que el asunto llegue a pleno municipal y un dosier con fotografías, ubicaciones, fechas y testimonios.
Si aparecen indicios de infracciones ambientales, anuncian que los trasladarán a los organismos competentes, incluidos Agentes de Medio Ambiente y SEPRONA. Mientras tanto piden colaboración vecinal para seguir documentando dónde están los puntos más afectados y desde cuándo. «Queremos que este proceso sea transparente y colectivo», concluyen. De momento, de todas las administraciones consultadas, ha contestado una.




