Davidempakeman, el espeleólogo que ha convertido el subsuelo de Antequera en un fenómeno viral

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El antequerano David Torres, conocido en redes como «Davidempakeman», se arrastra por pasos donde apenas cabe un cuerpo y lo cuenta en vídeos que rozan los 40 millones de visualizaciones. Su escenario favorito está bajo sus pies: el subsuelo de yesos de Antequera, uno de los entornos más extremos que ha explorado.

Todo empezó tarde y por azar. David tenía 24 años cuando un amigo lo llevó a hacer rápel «para probar el tema de cuerdas». Algo se despertó ahí. Del rápel pasaron a una cueva, después a una sima, e instalaron una cuerda en un pozo.

La cámara llegó casi a la vez. Sube vídeos desde que abrió su canal de YouTube, entre 2006 y 2007. La viralidad, en cambio, es reciente. Lo atribuye a la época y a la forma de grabar: «Llama más la atención porque no es una cosa fácil ni un contenido habitual de hacer».

El laberinto de yeso bajo Antequera

Antequera esconde dos mundos subterráneos. Uno es la caliza del Torcal, una roca dura. El otro, el que más le exige, es la franja de yesos del monte bajo que va desde Bobadilla, pasando por Antequera, hasta Archidona.

Estas cuevas las ha excavado el agua. El resultado son pasajes inundados, estrechos y llenos de los sedimentos que arrastran las lluvias. Llega un punto en que la galería está colmatada y solo se avanza sacando arena o cruzando tramos acuáticos «con la cara pegada al techo».

«Cuando llevas cuatro horas de sufrimiento avanzando y tienes que volver por el mismo sitio, se convierten en jornadas bastante destructivas donde puedes necesitar una semana para recuperarte físicamente».

Aun así, insiste en que no se trata solo de llegar más lejos. Más del 50 % del subsuelo sigue sin explorar, y cada salida toca geología, biología de especies adaptadas a la oscuridad, topografía e hidrogeología. Lo define como un «deporte-ciencia»: minoritario, «porque al público le gusta más el espectáculo», pero muy completo. ¿Y por qué lo hace? «Lo primero es la curiosidad».

Grabar con una sola mano

Filmar ahí abajo es otro reto. La cámara le quita una mano mientras arrastra el material y pelea para que no se ensucie la lente. Los micrófonos externos no resisten el agua, así que usa el de la cámara, y cuando se moja, el audio sufre.

Para grabarse lleva una luz acoplada a la cámara y apaga su frontal para evitar fogonazos. Cuida el encuadre y aplica su experiencia como editor. Sabe que en TikTok manda «la dopamina rápida» y busca la fórmula para enganchar, pero con límites: lo edita «para que sea jugoso y parezca una serie». 

Claustrofobia diaria, riesgo controlado

La claustrofobia, admite, aparece «todos los días». La regla es sencilla: se entra hasta donde da el cuerpo y, si no cabe, marcha atrás. El mayor peligro es meterse de cabeza en un paso descendente y muy estrecho: para darse la vuelta, alguien tiene que tirar de sus pies, o se queda atascado.

Por eso prefiere abrir el paso hasta que sea «humanamente seguro y penetrable a mis dimensiones». Vigila la meteorología y no entra si hay previsión de lluvia, para evitar que los pasos se sifonen. Sus momentos más duros los ha vivido en simas profundas de Ronda, en la Sierra de las Nieves, donde le ha caído alguna piedra al atascarse la cuerda. «Casi siempre es por fallo humano».

Nunca explora solo en una punta de exploración. Van como mínimo dos, idealmente tres, para que uno se quede con el herido y otro salga a avisar. Antes de entrar dejan en un grupo la ubicación y la hora aproximada de salida. Solo entra sin compañía para grabar vídeos sencillos cerca de la boca o adelantar trabajos de localización.

La preparación es física y mental. Gimnasio, bicicleta, barranquismo y vías ferratas para tener brazos fuertes y agilidad, porque «hay que arrastrarse mucho». Y la cabeza despejada: ansiedad y estrés se quedan fuera. «He visto compañeros a los que la cueva les ha sobrepasado», cuenta. Si un día alguien no está fino, lo mejor es salir. «Hay que estar al 100 % física y mentalmente».

Volver a la luz

Salir de la cueva, sobre todo cuando se entró de día y fuera ya es de noche, impacta. Lo que queda es satisfacción. Sale «a tope e hinchado de arrastrarte», tras una jornada que describe más como contorsionismo que como esfuerzo de espalda. Y con la autoestima reforzada: «Piensas en todo lo que has hecho y sabes que la mayoría no lo hace».

Ha explorado distintas zonas de España, pero ahora su favorita está en casa. En la zona de la Lagunilla, Antequera guarda la segunda o tercera cueva en yesos más profunda del mundo, con unos 200 metros de profundidad. También hay mucho por ver en terrenos privados. «Quedan bastantes retos por conseguir», resume. Bajo Antequera, la exploración de Davidempakeman no ha hecho más que empezar.

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