Cuando llega el verano, las calles se llenan de luz, de encuentros familiares y de celebraciones que marcan la vida: bodas, bautizos, comuniones… En medio de todo ese bullicio de emociones y preparativos, hay un nombre que se repite con cariño y confianza generación tras generación: Floristería La Gardenia. Este histórico negocio familiar no solo vende flores, sino que crea ambientes, acompaña historias y transforma espacios en recuerdos inolvidables.
Fundada hace más de cincuenta años por Antonio Romero y Magdalena Suárez tras su regreso de Suiza, La Gardenia nació de una inspiración sencilla pero poderosa: una imagen de una flor —la gardenia— que vieron en una enciclopedia y que terminó por convertirse en el alma de su marca. Con una pequeña tienda frente al Teatro Torcal de Antequera, comenzaron un camino que uniría jardinería, decoración y emociones. Más tarde, ampliarían su actividad con cultivos propios y nuevos establecimientos, pero siempre con la misma filosofía: ofrecer un servicio cercano, artesanal y absolutamente personal.
Hoy son sus hijas —Natividad, Pilar y Magdalena Romero Suárez— quienes continúan con esa vocación intacta. Desde su sede actual en la céntrica calle Lucena, donde el olor a flor recién cortada se mezcla con el murmullo de los paseantes, las hermanas siguen trabajando con el mismo esmero y creatividad que aprendieron en casa. Cada encargo es un nuevo reto, una historia distinta, y por eso su enfoque sigue siendo el mismo: conocer a fondo al cliente, entender su estilo, sus emociones, el entorno del evento y hasta la meteorología prevista para ese día especial.
En plena temporada de celebraciones, La Gardenia se convierte en un aliado imprescindible para muchas parejas que buscan que su boda no solo sea bonita, sino significativa. El equipo analiza cada detalle con mimo: desde el tipo de edificio donde se celebrará el enlace hasta los vestidos de la novia, el novio y los padrinos. Las flores, plantas, frutas y elementos decorativos se escogen cuidadosamente según la estación del año y el estilo de la ceremonia, ya sea civil o religiosa. Todo debe fluir en armonía: el ramo, el coche de los novios, la iglesia o el salón, los tocados, las solapas. Y son las propias hermanas quienes se encargan personalmente de colocar cada arreglo floral en su lugar exacto.
Lo que distingue a La Gardenia no es solo su experiencia, ni su impecable gusto estético, sino su capacidad para conectar con cada historia y hacer que el lenguaje de las flores exprese lo que a veces las palabras no logran decir. Quizá por eso, desde hace décadas, forman parte de Interflora como delegadas exclusivas en la comarca de Antequera, permitiendo también enviar flores a cualquier parte del mundo sin perder ese toque cercano y artesanal que las caracteriza.
En un tiempo donde todo parece acelerado y automatizado, La Gardenia sigue apostando por el trabajo bien hecho, por el detalle cuidado, por la emoción auténtica. Sus flores acompañan, emocionan y perduran en la memoria. Porque hay momentos que solo se viven una vez, y merecen ser celebrados con belleza, sencillez y alma. Justo como lo hacen ellas, desde hace medio siglo.