El año pasado, el Domingo de Ramos de Antequera se vivió mirando al cielo. Las primeras gotas de la mañana y el pronóstico sombrío convirtieron cada hora en una negociación con el tiempo. Al final, un claro inesperado abrió paso a los tres tronos de la Pollinica y la ciudad respiró.
Por suerte, este año el sol salió por Antequera desde primera hora de la mañana y no se movió, con un ambiente cálido que fue creciendo a lo largo del día hasta que la ciudad entera pareció volcarse en torno a la Iglesia de San Agustín. La Cofradía de Nuestro Señor a su Entrada en Jerusalén, Jesús Orando en el Huerto de los Olivos y María Santísima de Consolación y Esperanza —la Pollinica— tenía por delante la responsabilidad de abrir la Semana Mayor de 2026. Y lo hizo sin dejar a nadie indiferente.
Una ciudad que llevaba un año esperando
Las ganas eran evidentes. Desde primera hora de la mañana, la iglesia de San Agustín abrió sus puertas al culto entre las 10:00 y las 14:00 horas, y los fieles que se acercaron a venerar a los Sagrados Titulares ya dejaban claro que el ambiente iba a ser muy diferente al del año anterior.
Cuando los tronos comenzaron a moverse, la ciudad respondió. Miles de personas se distribuyeron a lo largo del recorrido, llenando las aceras de la calle Estepa, apretándose en las esquinas de Cantareros y Madre de Dios, esperando en la Plaza de San Sebastián ese momento en que el trono aparece al fondo y la música llega antes que la imagen. Antequera, que sabe muy bien lo que es perder una Semana Santa a la lluvia, no dejó pasar esta.
Los niños toman la calle
Existe en el Domingo de Ramos antequerano algo que no ocurre en ninguna otra jornada de la Semana Santa. Los niños no acompañan la procesión: la protagonizan. Vestidos con sus trajes de hebreos, con la ilusión dibujada en la cara y las palmas de olivo y laurel en las manos, los más pequeños de la cofradía marcaron el ritmo de un cortejo que evoca, cada año, la acogida que los niños hebreos brindaron a Jesús a las puertas de Jerusalén.
A las 17:15 horas arrancó el desfile de armadilla desde San Agustín. Tres cuartos de hora después, a las 18:00, comenzó la estación de penitencia. El recorrido discurrió por la calle Infante Don Fernando, San Luis, Cantareros, Madre de Dios, Lucena y Medidores, para continuar por Tintes, Encarnación, Plaza de San Sebastián, de vuelta por Infante Don Fernando y San Agustín hasta el templo, donde el último trono se recogió pasada la medianoche, a las 23:00 horas.
Tres tronos, tres músicas
Cada uno de los tres tronos de la Pollinica tuvo, como viene siendo habitual, su propia voz. El trono del Señor a su Entrada en Jerusalén, con D. José Antonio León Cruz como Hermano Mayor de Insignia, fue acompañado por la Agrupación Musical Virgen del Carmen de Torrenueva, procedente de Granada.
El del Señor Orando en el Huerto, bajo la responsabilidad de D. Francisco Javier Pena Liceras, marchó al son de la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Humillación de Lucena. Y el trono de María Santísima de Consolación y Esperanza Coronada, presidido por el Hermano Mayor D. Antonio González López —quien también ejerce como Hermano Mayor de la cofradía—, fue escoltado por la Banda de Música San Isidro Labrador de Churriana.
Tres formaciones con carácter propio que dieron a cada momento del cortejo su propia textura.
La Pollinica llegó al Domingo de Ramos con varios estrenos que no pasaron desapercibidos entre los cofrades más atentos. El cuerpo procesional incorporó cuatro nuevos roquetes para las dalmáticas. El trono del Señor a su Entrada en Jerusalén estrenó cincuenta horquillas, un elemento técnico pero también visual que forma parte de la identidad de los tronos antequeranos. Y el trono del Señor Orando en el Huerto presentó cuatro nuevas dalmáticas, completando así una puesta en escena cuidada hasta el último detalle.
El arranque de la Semana Mayor
Con el Domingo de Ramos resuelto de la mejor manera posible, Antequera encara los días siguientes con el ánimo que da un buen comienzo. Por delante quedan las jornadas más densas del calendario cofrade: el Lunes, el Martes y el Miércoles Santo con sus propias cofradías y sus propios caracteres, hasta llegar al Jueves y el Viernes Santo y esa tradición de correr la vega que convierte a Antequera en un lugar diferente a cualquier otro de Andalucía.




