Todo empieza al caer la tarde, cuando los peregrinos llegados de distintos puntos de la geografía española comienzan el camino hacia el Santuario de Nuestra Señora de Gracia. La localidad malagueña se viste de devoción y fe en la noche del miércoles 14 de agosto, para un año más, durante algo más de 24 horas, llevar sus peticiones y agradecimientos a la patrona del municipio. Una noche que reúne a miles de personas que recorren, durante toda la madrugada y parte del día siguiente, poco a poco, los varios kilómetros de curvas y cuestas que hay desde el centro de la localidad a la ermita.

En el camino personas de todas las edades, e incluso bebes que en los brazos de su madre, visitan a la Virgen por primera vez. Es el caso de Carmen Gámez, una vecina de Antequera que, como marca la tradición familiar, lleva a su hijo de apenas dos meses en brazos durante todo el camino hasta la Virgen para pedirle su bendición. «Venimos todos los años, ya traje a mi niña, que hoy tiene dos años, cuando nació y ahora llevo a su hermano», explica.
Son muchos los que cada mes de agosto tienen una cita ineludible con la Virgen a pesar de encontrarse a cientos de kilómetros de distancia. Así lo cuenta, Lola Sánchez, nacida en Archidona pero residente en Madrid, que asegura que, mientras pueda, seguirá subiendo hasta la ermita cada año. «Tuve que irme de mi ciudad hace ya más de 40 años pero siempre vuelvo para la romería», explica.
Cada paso es una petición, un agradecimiento o un recuerdo que les acerca hasta el momento más esperado de la noche, la llegada a la antigua mezquita árabe que guarda la imagen de Nuestra Señora de Gracia. Una masa de gente espera su turno de entrada. Es el momento de respirar hondo y prepararse, entre rezos, para el final de una etapa, así lo explican un grupo de amigos de Alhaurín de la Torre que después de hacer el camino de Santiago escogieron la localidad malagueña finalizar su peregrinación. «Es la primera vez que venimos y nos ha impresionado la cantidad de gente que hay, han sido sensaciones maravillosas», dicen entusiasmados.
Archidona es una localidad de algo más de 8.800 habitantes que durante esa noche multiplica su población con la llegada especialmente de vecinos de los pueblos de la comarca. No es raro ver en esas horas a personas que desde localidades cercanas peregrinan hasta la ermita.
Historias que cada año recoge el ´Libro del peregrino´, es el último momento para el visitante antes de salir de la ermita. Manolo Marmolejo, responsable de la tienda de recuerdos, lleva más de 40 años siendo testigo de estos testimonios de fe y asegura que es casi imposible contabilizar el número de personas que pasan por la ermita. «Son miles, cada año repartimos unas 15.000 estampas, aunque no se da sólo una por personas sí puede hacerse una idea de cuántos peregrinos son», explica. Marmolejo detalla que vienen personas de toda España y del extranjero. Sea cual sea su procedencia, la mayoría no dudan en llevarse un recuerdo. «Lo que más vendemos son pastilleros, llaveros y rosarios pero se nota la crisis», asegura. Así, con la imagen de la Virgen aún en la retina, es el momento de iniciar el regreso a casa. Por el camino, la ilusión de los peregrinos es la misma: que Nuestra Señora de Gracia les dé salud para volver a encontrarse el próximo año.

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