Hoy, siguiendo con mis vivencias de la niñez desde la yunta de bueyes tirando del arado de palo, hasta esos tractores de hoy que pueden arar dirigidos por un mando a distancia. Cuántos escalones hemos subido en cualquier campo de la vida. El progreso fue llegando gracias a los talentos creadores y a las mejoras económicas, desde la penicilina del doctor Fleming hasta los trasplantes de corazón del doctor Barna.

Hoy quiero dar un paseo histórico recordando el cortijo más antiguo de la zona, el cortijo La Torre, donde pertenecían varias fincas colindantes. Este cortijo estaba regentado por un convento de monjes de Loja y fue vendido por 30.000 pesetas. Se llama torre porque está a tres metros de la defensa morisca llamada torre de Xevar. Cuando las tropas de los Reyes Católicos expulsaron a los moros años después en 1496 con maderas y materiales del derribo de la torre se mandó a construir la ermita de Jeva y de ahí lo de palmares de Jeva o partido de Jeva.

Siguiendo el paseo por el Sur del Torcal, nos encontramos con el cortijo más antiguo cerquita de Villanueva de la Concepción ‘Sopalmito’. Muy cerca, en 1808, en la cuesta del palmar empezó a formarse el ‘pueblecillo’ que ya en los años de mi niñez, años  50, lejos de pensar en ser pueblo y mucho menos ser cabeza de partido o comarca, que desde luego mereció ser.

Digo esto porque el movimiento comercial que tuvo el ‘pueblecillo’ de los campos de Álora, Almogía y Casabermeja se desplazaban al ‘pueblecillo’ atraídos por la fama de unos equipos de profesionales carpinteros, herreros, zapateros, herradores, albardoneros, talabarteros, etc. Varias tahonas, panaderías, comercios de comestibles, textiles, tabernas, molinos de aceite.

Los pueblos de esta categoría solían tener una o dos posadas. El ‘pueblecillo’ contaba con seis posadas que a su vez eran fondas, es decir comida y cama para el descanso de los arrieros, creo que ese movimiento económico se podía medir por el número de posadas. El hacer los mejores ubios ejeros o angarillas y así sucesivamente los arados de estos herreros y todo lo artesanal de aquellos oficios hoy perdidos hicieron un ‘pueblecillo’ que mereció ser más que pueblo, cabeza de comarca. 

Gracias, seguiremos comentando sobre el pasado, presente y futuro.

 

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