Los distintos rincones del mundo celebran diversas tradiciones para dar la bienvenida al nuevo año. Sin embargo, no en todos los lugares se realiza el 31 de diciembre. De hecho, los chinos no celebran el fin de año en esa fecha, sino que lo celebran coincidiendo con la segunda luna nueva del solsticio de invierno. Los australianos y los brasileños, por su parte, celebran el cambio de año en verano, aunque eso sí, de una forma muy distinta.

Aunque no lo creamos, hay un pueblo malagueño que también rige sus propias reglas a lo que el cambio de año se refiere. Se trata de Cañete La Real, un municipio que se incluye en la comarca de Guadalteba y que desde hace varios años cambia el invierno por el verano para celebrar sus pintorescas Navidades.

Pero, ¿por qué celebrar el fin de año en agosto? Tranquilo, porque todo tiene una explicación. Eli Ortega, una vecina de Cañete la Real, cuenta que los orígenes de esta tradición tienen su punto principal en la emigración. Debido a la falta de trabajo y las condiciones precarias a las que se enfrentaban los vecinos de Cañete La Real, muchos de los habitantes del pueblo tuvieron que emigrar a diferentes puntos del país, sobre todo a Barcelona, lo que les impedía visitar a sus seres queridos en las épocas navideñas.

“Cuando éramos pequeños muchos de nosotros soñábamos con ver en Navidad a nuestros familiares, aunque esto no era posible hasta agosto. El poder celebrar de una forma diferente el Año Nuevo con los nuestros no tiene precio, es una manera de comenzar el año con el calor de nuestro ambiente y del pueblo”, detalla con emoción Eli.

Por ello, desde el municipio pensaron en celebrar su propio Año Nuevo en agosto, para aprovechar que muchos de los habitantes vuelven al municipio de vacaciones. 

La celebración se lleva a cabo por todo lo alto, cava y uvas incluidas. La asociación de mujeres cañeteras ‘Yerma’, compuesta por 66 personas, junto con el Ayuntamiento,  son las encargadas de poner en marcha la actividad, poniendo a disposición de los vecinos una gran barra con tapeo y música ambiental para amenizar la fiesta.

Además, la celebración también incluye degustación de comidas y dulces tradicionales de la localidad, a cargo de las socias. 

Con la medianoche, llega el momento más especial de la celebración: las campanadas. Al igual que se hace en Navidad, los vecinos de Cañete la Real preparan su cotillón, siempre con la copa de uvas en la mano, para dar la bienvenida al nuevo año. 

Tal y como explica Eli, la fiesta está en crecimiento, ya que cada año son más los vecinos que se apuntan a disfrutar de esta celebración que incluso cuenta con personas de fuera que se desplazan precisamente para celebrar el Año Nuevo cañetero. “Este año, pese a que ha coincidido con el fin de la feria, esto no se ha notado en la participación, incluso podríamos decir que ha sido mayor”, explica Eli añadiendo que “el lunes por la noche estaba todo lleno, no lo podíamos creer”.

“Lo más bonito de esta fiesta es sentir el calor de estar en casa y ver a la gente disfrutar y vivir la experiencia”, cuenta con emoción Eli, que fue una de las muchas emigrantes que tuvieron que dejar Cañete La Real en busca de un futuro mejor fuera de su hogar. “Te vienen muchísimos recuerdos a la mente y, sobre todo, añoranza. Esa noche recuerdas que hace mucho que te fuiste pero que por fin estás en casa. Eso es lo más importante”.

Esta localidad malagueña, de apenas mil seiscientos habitantes, fue testigo en tiempos del franquismo de cómo numerosos vecinos emigraban en busca de trabajo a otros rincones del mundo para poder sobrevivir, estando lejos de sus seres queridos en fiestas como Navidad. Ahora, gracias a estas campanadas anticipadas, todos se reencuentran para darle la bienvenida, de la mejor forma posible, al Año Nuevo cañetero.

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