Cierra San Agustín, la librería que ha visto crecer a generaciones de antequeranos

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El próximo 30 de junio, Antequera despedirá a uno de sus comercios más queridos y longevos. La querida librería-papelería San Agustín bajará su persiana por última vez, poniendo fin a 68 años de dedicación ininterrumpida. Los hermanos Juan Carlos e Ignacio Aragón Cruces han decidido que ha llegado el momento de la jubilación, dejando atrás un legado de esfuerzo que comenzó con su padre a mediados del siglo XX.

La historia de la Papelería San Agustín es, ante todo, una historia de amor por su trabajo. Fue en 1958 cuando Francisco Aragón Artacho, padre de los actuales dueños, fundó el negocio. Francisco se había curtido en el oficio trabajando previamente en otra papelería en la vecina localidad de Archidona, a la que se desplazaba cada día pedaleando en su bicicleta.

Ese mismo espíritu de trabajo incansable fue el que heredaron Juan Carlos e Ignacio. Tras los inicios en las antiguas «casillas» y un paso por la casa de los Vidurreta, la familia hizo un inmenso esfuerzo para adquirir el local en la esquina donde han permanecido los últimos 45 años. «Con muchísimo esfuerzo mi padre dijo ‘pa’ adelante’, vamos a intentarlo», recuerdan los hermanos.

En una época marcada por las grandes superficies y la frialdad de las compras por internet, San Agustín ha representado la resistencia del comercio de proximidad. Trabajar «codo con codo» durante décadas no ha requerido fórmulas mágicas, aseguran los hermanos entre risas: «No tiene secreto ninguno. Cada uno en su faceta, sabe lo que tiene que hacer». Sin embargo, si algo les ha mantenido al pie del cañón ha sido el calor de la gente.

«La diversión del mostrador y el trato cara a cara con el público es diferente a darle a un botón online; aquí la anécdota siempre viene con ellos», aseguran.

Para Juan Carlos e Ignacio, su clientela dejó de serlo hace mucho tiempo para convertirse en una extensión de su propia familia. Tanto es el cariño, que los hermanos recuerdan con humor y ternura cómo un «comité» formado por seis niñas de 11 años se presentó en la tienda pidiéndoles que no se marcharan y que aguantaran hasta que ellas terminaran de estudiar.

Además, este pasado febrero fueron galardonados  con el Efebo a la Trayectoria Profesional, un honor que también recibió su padre en el pasado. Para ellos, este premio significa cerrar su trayectoria «por la puerta grande» y supone el «broche de oro» perfecto a casi siete décadas de servicio a los antequeranos.

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Descanso y paciencia para los que llegan

Ante el traspaso del negocio, los hermanos son claros y buscan a alguien que realmente sepa tratar de cara al público, algo cada vez más complejo en la era de las redes sociales. Su consejo para cualquier joven emprendedor es tener «mucha paciencia, muchas horas de trabajo, los pies en el suelo y mucha suerte».

El próximo 30 de junio, cuando la persiana metálica de la esquina de San Agustín baje de manera definitiva, Juan Carlos e Ignacio dejarán atrás los madrugones y las infinitas horas de pie. Lo harán sin grandes planes trazados, dispuestos simplemente a «disfrutar del día a día» e, ironizan con una sonrisa cómplice, a «hacer lo que nos digan las mujeres». Y si sobra tiempo, «ya nos inventaremos algo», rematan.

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