Dos alpinistas de Campillos coronan la Dufourspitze, la segunda cima más alta de los Alpes: «Un error se paga caro»

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A la última hora de ascensión, la cresta se estrecha hasta convertirse en un balcón sobre el vacío. A un lado y otro, cientos de metros de caída sobre nieve y hielo. «Lo mejor es no equivocarse», resume Tomás Pérez Lisbona, uno de los dos alpinistas de Campillos que este 2026 ha hecho cima en la Dufourspitze.

Junto a él, Manuel Morillo Manzano, su compañero de cordada desde hace años, completó la travesía hasta los 4.634 metros de altitud del segundo pico más alto de los Alpes suizos, solo por detrás del Mont Blanc.

La expedición partió de un campo base en Zermatt, a 1.608 metros, con parada intermedia en el Refugio Monte Rosa, a 2.883 metros.

Así es la ruta a la Dufourspitze 

La travesía arranca con varios kilómetros de piedra y roca, con tramos de nieve, antes de entrar en la zona del glaciar. «Hay que cruzar un glaciar», explica Morillo, quien describe después una franja de nieve «más confortable», salpicada de algunos seracs y grietas.

El tramo final es el más exigente. La arista se divide en tres pequeños picos que hay que superar uno tras otro, combinando escalada en roca con hielo y nieve. «Entre pico y pico lo que nos encontramos es terreno mixto», detalla el alpinista campillero.

Pérez coincide en que este año la exigencia ha superado a la del Mont Blanc, coronado el verano pasado. «Técnicamente y en la parte física ha sido mucho más larga, con muchas más horas de actividad», afirma.

«Un error se paga caro» 

La última hora y media de ascenso discurre por una cresta muy expuesta, con caídas de cientos de metros a ambos lados. Pérez recuerda ese tramo como el de mayor tensión de toda la expedición, hasta el punto de provocarle lo que describe como «risa floja». 

Morillo insiste en que la montaña cambia de un día para otro. Lo que un año resulta placentero, al siguiente puede volverse «terrible», en función de la nieve, el hielo y la temperatura del momento.

Ambos coinciden en que la concentración es la única herramienta frente a la exposición. «De máxima concentración y ya está», resume Morillo sobre los momentos de mayor riesgo en la arista final.

El camino hasta la cumbre, tal y como relatan los dos campilleros, no es nada fácil. Para alcanzar la cima previamente tienen una preparación física muy exigente durante todo el año, con resistencia de carrera y bicicleta, además de rutas con mochila cargada de peso para acostumbrar el cuerpo a las largas jornadas. 

El gusto por la montaña de ambos deportistas nace en su propio municipio. Criados en un entorno cercano a El Chorro, con zonas de escalada tradicionales, los dos han ido derivando en los últimos años hacia el alpinismo de grandes montañas.

«Nos llama más la atención este tipo de actividades de alpinismo, de grandes montañas», explica Pérez, que compagina esta disciplina con ciclismo de montaña, trail y escalada durante el resto del año.

El reconocimiento de su pueblo natal, dicen, forma parte del aliciente. «Nos sentimos agradecidos y arropados por la gente del pueblo», señala Pérez sobre la respuesta de los vecinos de Campillos tras cada expedición.

Próxima parada: los cuatromiles 

Para el año que viene, ambos alpinistas planean el llamado Spaghetti Tour, una travesía de cinco o seis días por picos de cuatro mil metros, encadenando entre una y dos cumbres diarias durante toda una semana.

Morillo no descarta además viajar a Nepal en una futura expedición a un ochomil, no como parte del equipo que corona la cima, sino integrado en las labores de campo base y apoyo técnico.

«La lista es tan grande que no sé si nos va a dar tiempo», resume Pérez sobre los proyectos que ambos siguen sumando tras cada temporada en los Alpes.

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