Teba, capital del queso artesano

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La XXIV Feria Mercado del Queso Artesano Villa de Teba vivió hoy su última jornada con más de 50 queserías de catorce comunidades autónomas y Portugal

A media mañana, el olor llegaba antes que los puestos. Era una mezcla de corteza curada, aceite y pan recién cortado que subía por las calles de Teba y anunciaba que, durante unos días, este pueblo de la comarca de Guadalteba dejaba de ser un pueblo pequeño. Sus apenas 3.800 vecinos compartieron estos días las calles con miles de visitantes que llegaban con una bolsa vacía y la intención de volver con ella llena.

Y no fueron pocos. La organización calculó que unas 25.000 personas pasaron por la feria entre el jueves y hoy, seis o siete veces la población del municipio. Esa capacidad de atracción fue la que llevó a la Diputación de Málaga a declararla de Singularidad Turística. También la que, tras veinticuatro ediciones, la ha situado entre las citas gastronómicas de referencia en Andalucía y, junto a la de Trujillo (Cáceres), entre las ferias del queso más importantes de España.

Un mapa de España en tablas de madera

Buena parte de ese tirón se explicaba por lo que esperaba dentro. Recorrer el mercado era hacer un viaje por la geografía quesera del país sin salir de la Villa Condal. Más de 50 queserías ocuparon los expositores, llegadas de siete de las ocho provincias andaluzas, con Cádiz a la cabeza, de catorce de las diecisiete comunidades autónomas y, este año, también de Portugal.

Esa variedad se notaba en cada mostrador, donde los quesos de cabra de la sierra convivían con piezas amparadas por algunas de las denominaciones de origen más reconocidas del país. Del norte llegaron el Picón Bejes-Tresviso cántabro, de pasta azulada y sabor intenso, el Idiazábal vasco, la Tetilla gallega y el Gamóneu asturiano. La Mancha aportó su Manchego, Menorca su Mahón y Extremadura sus dos tortas, la del Casar y la de la Serena, cremosas y de cuchara.

Probar antes de comprar

Esa cesta, como casi todo lo que se vendió en Teba, se probó antes de pagarse. La cata fue gratuita en todas las queserías, y fueron los propios maestros queseros quienes explicaron, a pie de mostrador, cómo se cuaja la leche, cuánto tiempo madura una pieza o por qué un queso de leche cruda sabe distinto. Para el alcalde, Cristóbal Corral, ahí estaba el sentido de la feria: poner en valor la tradición quesera artesanal y acercarla a la ciudadanía a través de la gastronomía y la divulgación.

De esa vocación nacieron también las catas guiadas, los maridajes y los talleres de elaboración de queso pensados para todas las edades. Los más pequeños pudieron ver cómo la leche se transformaba en queso, y los adultos, aprender a combinarlo con vino, aceite o miel.

Más allá del mostrador

Entre cata y cata, la feria invitó también a descubrir el pueblo que la acogía. Un tren turístico recorrió el municipio y la organización preparó rutas por su patrimonio: el Museo Histórico Municipal, el Museo Etnológico, la Ermita de Jesús Nazareno, el Molino de las Pilas y la Iglesia de la Santa Cruz Real. Era la forma de que el visitante se llevara, además de queso, una idea de la historia de la villa.

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