Después de medio año y muchas horas de trabajo, Saturnino, Antonio y Enrique han conseguido reproducir a escala uno de los símbolos más emblemáticos de Villanueva del Trabuco y la provincia

En el último año, Saturnino Gámez, electricista y vecino de Villanueva del Trabuco, ha perdido la cuenta de las veces que ha visitado la Fuente de los Cien Caños, uno de los espacios naturales más emblemáticos del municipio situado en la sierra de San Jorge y en el límite oriental de la sierra de Camarolos, a pocos kilómetros del pueblo. Su objetivo era mantener en su retina cada mínimo detalle del impresionante manantial considerado popularmente como el nacimiento del río Guadalhorce, el más caudaloso de la provincia.

Y es que después de seis meses de trabajo, Saturnino no tendrá que preocuparse por la sequía, pues podrá disfrutar de unos caños rebosantes de agua todos los días del año, a cualquier hora del día y en el mismo patio de su finca, gracias a una réplica de tres metros de largo y noventa centímetros de alto que él mismo ha ideado y construido con ayuda de su amigo Enrique Peña, que participó desde el principio aportando ideas, tomando las medidas y realizando las labores de pintura.

La fuente se soporta en una estructura base de metal y chapa hueca para la que han necesitado alrededor de 600 electrodos para soldar. La grifería es de plástico y cuenta con un circuito cerrado que va reutilizando el agua tratada con cloro de manera continua, “sino esto sería una ruina”, bromea. Por lo que a diferencia de la fuente original no se puede beber. Aun así, no solo funciona como elemento decorativo, sino que también evoca las mismas sensaciones que la original: naturaleza, tranquilidad y vida.

Además, cuenta con todo lujo de detalles fabricados con espuma de poliuretano recubierta de una capa sintética para que el agua no penetre, así como elementos naturales decorativos de piedra y musgo natural. También han utilizado hasta 30 litros de pintura impermeable de caucho con un color lo más parecido posible al verdadero.

Una de las peculiaridades de esta réplica es que consta solo de 100 caños adosados a la imitación de roca caliza. Y es que aunque tal vez mucha gente no lo sepa, la fuente original no tiene cien caños, sino 101 caños. Un detalle que tuvieron en cuenta, pero que han querido dejarlo estar para hacer aún más única esta pieza.

Pero sin duda, lo que le ha dado el toque maestro a esta particular y singular imitación han sido dos latas de callos y atún que han servido como arquetas para ocultar las llaves de paso que controlan el flujo del agua.

Ante la falta de tiempo libre debido a su trabajo, este trabuqueño también acudió a su primo, Antonio Galeote, quien se volcó en el proyecto dedicándole hasta 3 horas al día. Antonio está jubilado y gran parte de su vida laboral ha estado relacionada con el trabajo del metal, al ser soldador, mecánico de mantenimiento y constructor de maquinaria. “Cuando Saturnino me propuso la idea, no lo dudé ni por un momento. Era un proyecto precioso, y queda de manifiesto ahora que está terminado”.

Sin embargo, parece ser que han empezado “la casa por el tejado”, pues esta es la segunda fase del proyecto original, que era instalar una noria “como las antiguas” de tracción animal. “Pensando qué hacer con el agua, se me ocurrió la idea de que podría surtir a los 100 caños”, explica Saturnino, quien recuerda con gran satisfacción el primer momento que escuchó el agua fluir y caer el agua.

Saturnino invita y deja abierta la puerta de su finca para todo aquel que quiera verla, pues casi se ha convertido en una parada obligada en Villanueva del Trabuco.

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