Virgen de Gracia: la memoria escrita entre la devoción y la fiesta

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Una exposición documental reúne legajos de los siglos XVIII y XIX para analizar la evolución paralela del fervor patronal, la administración civil y la génesis de la feria estival

Julio Caro Baroja definió con precisión el concepto del «estío festivo»: ese paréntesis estival donde el fin de la cosecha, la canícula y el ritual sagrado convergen en el paisaje antropológico andaluz. La fiesta nunca ha sido un episodio aislado del calendario, sino el gozne sobre el que han girado históricamente la economía, la fe y la convivencia urbana. En ese cruce de caminos entre lo profano y lo trascendente, la memoria corre el riesgo de volverse un eco volátil si no queda fijada en el soporte perdurable del papel. Para rescatar del olvido los trazos de esa identidad compartida, el Archivo Histórico Municipal acoge durante este mes de agosto la muestra «La huella escrita de una devoción»

La exposición —impulsada por el concejal de Cultura, Pablo Garrido, junto al director de la revista Rayya, Juan Luis Espejo, y el archivero e historiador Manuel Garrido Pérez— no pretende erigirse en un despliegue monumental, sino en una lección de arqueología documental íntima. Se trata de una muestra articulada a partir de los propios legajos municipales y fondos cedidos, abierta al público de lunes a viernes en horario de mañana, que revela la génesis paralela de la fe patronal y de la propia feria local.

El recorrido por las vitrinas del archivo permite constatar cómo el orden civil y el fervor religioso han caminado de forma indivisible a lo largo de los siglos. En el primer bloque, los documentos atestiguan la transformación del espacio urbano: desde un manuscrito de 1791 que refleja los conflictos generados por el traslado de los festejos desde el Cantillo Ancho y la calle Carrera hacia la recién configurada Plaza Ochavada, hasta la concesión real otorgada por Fernando VII en 1816, cuyo sello de placa con las armas reales certifica la institucionalización del mercado festivo. Junto a ellos, estampas del siglo XVII y bandos de 1819 muestran la dimensión sociológica de una celebración indisolublemente ligada a la festividad de la Asunción y su Octava.

Más allá de la solemnidad administrativa, el valor de la exhibición reside en las grietas del detalle cotidiano y anecdotario. Las vitrinas sacan a la luz la célebre proclamación de 1804 en la que el pueblo eligió a su patrona mediante el cómputo de habichuelas y garbanzos, así como litigios del siglo XVIII entre cofradías por el uso ceremonial de un terno litúrgico. La historia local se entrelaza también con la alta política europea y la devoción institucional: entre las piezas destaca un rescripto apostólico del papa Pío VI traído desde Roma por el corrector de los Escolapios, e inscripciones de rogativas oficiales destinadas a pedir auxilio divino tanto frente a plagas agrícolas —origen del histórico «Día de la Oruga»— y sequías, como en favor de las tropas españolas durante la Guerra de la Independencia contra el ejército francés.

Este diálogo entre el documento original y la investigación histórica se nutre además del trabajo de especialistas locales como Narciso Morales o Jacinto Muñoz, cuyos estudios publicados en Rayya y en monografías especializadas acompañan el discurso expositivo. La colaboración de la Cofradía de la Virgen de Gracia completa el patrimonio textual con piezas de culto, exvotos, el reglamento del Cuerpo de Horquilleros y cuadernos conmemorativos que trasladan la fe desde el pergamino hasta la vivencia popular.

Frente a la distancia de los grandes repositorios nacionales, los archivos locales conservan una pulsión viva que solo se activa cuando la ciudadanía cruza sus puertas. «La huella escrita de una devoción» nos recuerda que la historia de una comunidad no se construye únicamente con grandes relatos historiográficos, sino con la suma paciente de actas capitulares, pleitos vecinales, bandos de feria y plegarias en tinta añeja.

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