La vuelta al cole es ya una realidad. En estas semanas millones de niños han empezado sus clases en nuestro país. Mochilas nuevas, cuadernos impecables, libros recién estrenados… y virus. Con el inicio del curso escolar se produce también un aumento de las infecciones virales, debido, sobre todo, a que la principal fuente de éstas durante la infancia son otros niños del entorno, que actúan como transmisores de la infección.

Algunas de las infecciones virales más frecuentes durante la infancia son los catarros de vías altas, las bronquiolitis, las gastroenteritis o las manchas en la piel. Debido al elevado número de infecciones de este tipo que padecen todos los niños al cabo del año y la preocupación que éstas generan en los padres, las infecciones virales constituyen el principal motivo de consulta durante la infancia. Las infecciones virales son muy frecuentes en la primera infancia y constituyen parte del proceso normal y necesario en el desarrollo del niño. Durante los primeros 3-4 años de vida, los niños normales tienen una media de hasta 15 infecciones al año, la inmensa mayoría de ellas de causa viral y concentradas durante el periodo escolar.

Aunque la fiebre es uno de los signos más comunes en las infecciones virales, éstas se pueden acompañar, además, de algunos signos y síntomas inespecíficos, como la falta de apetito o el dolor abdominal o de cabeza. También es normal que el niño esté más apagado, con menos ganas de jugar. Todos estos signos y síntomas, aunque suelen preocupar a la familia, forman parte del cuadro general de cualquier infección. Es importante no obligar al niño a comer ni forzarlo a realizar ninguna actividad.

Dentro de unos límites considerados normales, las infecciones constituyen parte del proceso de desarrollo de los niños, ya que suponen un «entrenamiento» para que sus defensas maduren de forma normal. Cada vez está más demostrado que los niños que crecen en un entorno «excesivamente limpio» (ausencia de guardería, esterilización continua de tetinas y biberones) desarrollan con más frecuencia problemas de asma y alergia en las edades posteriores.

La exposición a gérmenes y otras sustancias a estas edades hace que el sistema inmune aprendan a reconocerlas, a diferenciarlas de las sustancias que forman parte del organismo y a desarrollar una respuesta adecuada y proporcionada ante futuros contactos.

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