Sin duda que la jornada del pasado sábado en el “Argüelles”, presagiaba ya desde inicio fiesta, no sólo por volver a ver al equipo que sólo en lo que va de liga había cedido un punto sino además por tratarse del último encuentro en casa del año.
La victoria en Ciudad Real fue uno de esos aldabonazos necesarios para terminar de cumplir ese sueño y hacer llevar la autoestima hasta su grado más intenso, eso sin llegar a perder la cordura ni el hecho de saber de donde se procede. La visita de La Salle representaba una buena oportunidad de seguir mejorando cifras y güarismos pero en el debe no había que olvidar la necesidad de este tipo de equipos heridos y necesitados de puntos que en una cancha como la del “Argüelles” jugarían sin ningún tipo de presión sabedores de que no tenían nada que perder pero si mucho que ganar. De esa forma el primer tramo o mitad del primer periodo resultó igualado aunque más motivado por la falta de intensidad de los de casa que por la capacidad de juego de su rival, en todo caso del 8-6, del tercer parcial se pasó a un claro 18-11, al descanso que si no dejaba las mejores sensaciones en el juego si que al menos diagnosticaba para la reanudación cierta dosis de tranquilidadl.
En ese segundo perido continuaron las indecisiones en el juego de unos y otros del que por momentos sacó mayor partido el cuadro cordobés que redujo hasta a cuatro la diferencia adversa (22-18), pero un arreón de los locales con su habitual despliegue defensivo y de contraatue sirvieron para volver a retomar con comodidad el partido hasta terminar dominando.

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