Tomando café fue como José Antonio Peláez empezó a percibir el temblor de su mano izquierda, tenía 44 años. Ese temblor fue tan sólo el principio del ir y venir a la consulta del médico de cabecera, del traumatólogo y finalmente del neurólogo.

Fue este último, el que por «descarte», como dice Peláez, le diagnosticó la Enfermedad de Parkinson (EP). Enfermedad neurodegenerativa, que celebró ayer su Día Mundial, y que es la segunda más frecuente con más de 150.000 afectados en España, de los que al menos 5.000 son malagueños. La EP es bien conocida por los síntomas que su enfermo manifiesta; sin embargo, sus causas son desconocidas para aquellos que no la sufren.

Es aquí donde es necesario que un neurólogo le explique al enfermo en qué consiste la EP. En palabras del doctor Víctor Campos de Xanit la EP se produce por la «degeneración de unas células nerviosas situadas en el cerebro: Las neuronas dopaminérgicas». Es destacable que cuando empiezan a aparecer los primeros síntomas de la enfermedad, casi el «70 por ciento de las neuronas ya han sido destruidas». Esta no regeneración se ha estado produciendo durante décadas antes de que aparezcan los síntomas más llamativos, los que afectan a la parte motora del cuerpo humano.

Peláez recuerda perfectamente cuando su neurólogo le hizo el diagnóstico. Éste que como asegura Campos se hace «sin seguridad absoluta, como con casi todas las enfermedades neurodegenerativas», se hizo a través de una “prueba nuclear”. Con ésta Campos y cualquier otro neurólogo es capaz de ver que «las neuronas dopaminérgicas son deficitarias».

Una vez que el médico establece qué padece el enfermo, comienza el tratamiento farmacológico específico para la EP. Con éste se consigue que las neuronas dejen de morir. No obstante, el tratamiento que un médico puede ofrecer se queda ahí; son los enfermos y sus familiares los que van a convivir con la EP y los que encuentran en las asociaciones, como la recién creada de Antequera y Comarca Norte de Málaga, «soluciones que las estructuras sanitarias no pueden llevar a cabo», apuntó Campos.

Hasta la creación de esta asociación antequerana, la única existente era la de nivel provincial, provocando esto que muchos de los enfermos de la comarca no acudan a sus talleres de musicoterapia, logopedia, movilidad o psicología por la distancia. Debido a la lejanía muchos de ellos debían rechazar la posibilidad de acudir a éstos, a pesar de que como dijo Campos «juegan un papel importante en el abordaje integral del paciente parkinsoniano».

A través de estos talleres que la asociación antequerana pretende impartir, una vez que consiga socios, quiere «mejorar la movilidad, la logopedia, ayudar a los enfermos a realizar sus actividades diarias e incluso ofrecerles apoyo psicológico y emocional», explicó Peláez, que además de enfermo es el presidente de la asociación.

Junto a Peláez, por ahora hay 15 socios más. Entre ellos está Carlos Mª Ruiz (Cartaojal) que con 47 años ve la asociación como una vía para «saber que hay más gente como yo y de esta forma conocer otras experiencias». Para José Antonio Medina, recién diagnosticado, la asociación es una forma de «contacto con la gente y de seguir viviendo», porque como aseguran él y Eugenia Olmedo la unidad que ésta les aporta «nos hará vencedores» .

Por ahora la asociación está en su «kilómetro cero» como cuentan entre risas sus miembros, es el momento de salir a la calle y de darse a conocer entre los enfermos de parkinson y sus familias. Necesitan socios y empezaron a buscarlos ayer colocando una mesa informativa en el Hall del Hospital Comarcal de Antequera.

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