Miles de personas se vieron obligadas en la Guerra Civil Española a abandonar el país y la historia se repite aunque esta vez no por su tendencia ideológica o por ser más afines a un partido u otro sino por la crisis económica.
En el siglo XXI jóvenes y no tan jóvenes abandonan el país en la búsqueda de una vida mejor, un lugar donde encontrar un trabajo digno y poder subsistir, aunque no esté relacionado con su formación.

En definitiva, la búsqueda del trabajo prometido durante tantos años de estudios en la educación española que al final les lleva a indagar por nuevos derroteros y a no encontrar otra salida que partir.

La gran mayoría de los emigrantes españoles salen del país para ocupar un puesto de trabajo que nada tiene que ver con los estudios cursados, aunque muchos al final ascienden y alcanzan su meta. La restauración o el trabajo de au pair (niñera) son los empleos más demandados, sobre todo por los más jóvenes. Y aunque no se gane mucho, el objetivo de salir de casa y mejorar la calidad de vida se cumple.

Así, las perspectivas de futuro mejoran al salir de municipios pequeños, donde las ofertas de trabajo escasean aún más si cabe por la situación económica.

A día de hoy más de dos millones de españoles residen en el extranjero. Una fuga de cerebros que ha aumentado en un 7,3 por ciento en la provincia de Málaga en el último año. Y es que desde que estalló la crisis, a mediados de 2007, se ha incrementado año tras año el número de malagueños que han hecho sus maletas para convertirse en emigrantes, al no ofrecerles España un empleo.

De hecho, Málaga se sitúa como la provincia andaluza con más residentes en el extranjero, seguida muy de cerca por Granada.

Y cuando se trata de buscar un nuevo lugar para encontrar empleo y empezar una nueva vida, los malagueños optan, en la mayor parte de los casos, por lo más cerca. Europa es, de este modo, el continente que suma más emigrantes de la provincia malagueña. En el continente europeo viven 24.324 de los 50.544 malagueños establecidos en el extranjero, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Francia es el destino tradicional desde hace décadas, así como Alemania y Reino Unido que cada vez atrae a más personas. A Europa le sigue muy de cerca América, con 23.154 residentes malagueños, y una presencia mayoritaria en el sur. Así, Argentina supera al resto de países en número de malagueños allí establecidos.

Brasil, país que en los últimos tiempos ha ofrecido oportunidades en sectores como el turismo, se coloca como el segundo país de América del Sur con más emigrantes malagueños.

Un destino también llamativo para los malagueños es EEUU, situado en el puesto 10 a la hora de elegir destino. En menor número, pero también en senda ascendente, están otros destinos como Rusia, China, Suecia e incluso Australia.

De otro lado, Marruecos está entre los países donde más se incrementó el retorno de emigrantes extranjeros desde que comenzó la crisis, ya que fueron muchos los inmigrantes que decidieron volver a sus lugares de origen una vez que la falta de oportunidades laborales les hizo más complicado permanecer en España.

De piloto de avión a electricista
Francisco Benítez – Ledegem (Bélgica)

«Terminé mi carrera en 2011 y no encontré ningún trabajo, no sólo relacionado con mis estudios, tampoco en otros campos. Aburrido de buscar en España, me vine aprovechando que en Bélgica tenía amigos y familiares trabajando, que habían venido poco antes». Así cuenta su historia Francisco Benítez, natural de Valle de Abdalajís. Reside desde mayo de 2013 en Ledegem, en la región de West Vlaanderen (Bélgica) cerca de la frontera con Francia. Francisco trabaja actualmente de electricista, a pesar de ser piloto de avión comercial e instructor de vuelo. Además, cuenta con un módulo de grado superior de electrónica. Asimismo, tiene el First Certificate in English. Este joven de 33 años describe su experiencia de diez: «conoces gente, nuevas formas de vivir, trabajar y de no ser por mi carrera estaría aprendiendo dos idiomas nuevos, como el francés y el holandés». Francisco vive este viaje como un aprendizaje temporal porque su intención es dedicarse a su profesión. «Es verdad que a veces se hace más duro de lo que uno espera, pero con los amigos que tengo aquí se hace más llevadero», asegura. Anhela el tiempo que pasaba con su familia. A pesar de ello, Francisco insiste que no le apetece mucho volver a España porque no hay trabajo. «Sólo me plantearía abandonar Bélgica si encontrara un trabajo de piloto; mientras tanto seguiré aquí, ni me lo planteo. No creo que hubiese pillado un trabajo como este en España, ni cuando la cosa iba bien, en cuanto a trato, remuneración y condiciones». Tan sólo hay una cosa por la que volvería a casa: para probar los dulces de su tía Paca.

Conference&Events Assistant en un hotel
Juan José Ruiz Terneros – Oxford (Reino Unido)



Dos años y un mes han pasado desde que Juan José Ruiz Terneros, de 33 años y diplomado en Administración y Dirección de Empresas por la UMA, llegara con su maleta de mano al aeropuerto de Luton, en el Reino Unido. «Al principio unos amigos me acogieron en su casa durante unos días, hasta que encontré mi primer trabajo, con alojamiento, en un hotel cuatro estrellas», cuenta Juan José, quien afirma que es la mejor opción para empezar: «Siempre necesitan personal». Actualmente, trabaja en un hotel de Oxford como Conference&Events Assistant. Su trabajo consiste en «ayudar a preparar conferencias y eventos, además de asistir a los huéspedes durante el desarrollo de los mismos». Este malagueño, natural de Villanueva de la Concepción, reside en Oxford: «Una de las ciudades con menor tasa de paro de Inglaterra, tan sólo un 1 por ciento». Su intención a la hora de partir de España fue buscar empleo y mejorar su nivel de inglés, algo que ha conseguido, aunque con baches por el camino: «Al principio se hace duro, hasta que te desenvuelves con el idioma pero, cuando superas esa etapa, Oxford es un sitio genial para vivir, no sólo por el trabajo, sino también por el transporte público, sus parques y las zonas de ocio. Además, tiene muchas academias y colegios que ofrecen cursos de idioma». Este villanovense tiene en sus planes volver en unos años, cuando la situación en España mejore, porque lo que más echa de menos es a sus amigos y a su familia «algo que no se puede reemplazar». A pesar de ello, describe su experiencia como una oportunidad para conocer un nuevo país: «Su cultura, su idioma? conocer y hacer nuevos amigos de todas partes del mundo».

De la topografía a los fogones
Juan José Ruiz Terneros – Oxford (Reino Unido)

Cuenta con varios años de experiencia como topógrafo, además también fue proyecto de bombero tras opositar durante tres años, pero la crisis económica le llevó a emigrar hace año y medio a Reading, una ciudad que se encuentra a 30 minutos en tren de Londres (Inglaterra). David Pedraza, antequerano de 30 años, manifiesta que fue su única opción, ya que en España no había trabajo relacionado con su profesión. A pesar de ello, ha cambiado la topografía por los fogones. Trabaja de chef: «Empecé como kitchen porter, es decir, friegaplatos, como la gran mayoría de españoles que llegan aquí, pero ya con el tiempo me ascendieron». Aun así David no para de enviar curriculums relacionados con la topografía, que es de lo que espera trabajar en un futuro. Describe su experiencia en Inglaterra como buena y dura a la vez. «Día a día me levanto con el objetivo de trabajar, de seguir aprendiendo el idioma y de ir aspirando a más», insiste David. No obstante, lamenta estar tan separado de su familia: «Porque el tiempo que no paso con ellos jamás puede estar pagado con nada. Ese tiempo en el que no vas viendo como los más jóvenes de tu familia van creciendo, que no estás con tus mayores, que no puedes llamar a tus amigos cercanos para quedar y divertirte o para contarle algún problema, eso es duro cuando te paras a pensarlo, y más si te paras a pensar en un futuro y te preguntas: ¿podré volver algún día?». Aún así, insiste en que esta experiencia lo está haciendo evolucionar a pasos agigantados: «Abre tu mente y te hace valorar las cosas aún más, porque cada meta que vas consiguiendo la consigues gracias a tu pleno esfuerzo». David no duda que quiere volver a España: «No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Estando aquí me doy cuenta de las maravillas que tiene Andalucía».

Con la construcción a otra parte
María Victoria Llamas – Glendale, Los Ángeles, California (USA)

María Victoria Llamas es una veterana emigrante. A sus 31 años, esta antequerana lleva viviendo en el extranjero seis años. Decidió partir para poder acceder a mejores opciones de empleo. Pero el mejorar su inglés y vivir una experiencia fuera la terminaron de convencer para marcharse. Su aventura comenzó en Reino Unido, donde residió un año. Más tarde su destino le llevó a cruzar el charco hasta Glendale, en el condado de Los Ángeles (California), donde lleva ya cinco años. Esta joven licenciada en Turismo, ha trabajado durante estos años desarrollando una franquicia de restaurantes españoles y en una empresa española de exportaciones. Ahora se ha convertido en una emprendedora y está desarrollando su propia empresa de servicios de exportación a empresas españolas. Trabaja con dos socios españoles. «Al principio es muy excitante porque todo es nuevo, después llega la adaptación y aceptación, que es algo más duro. Cuando tu situación es más estable y tu nueva realidad se hace familiar todo es más fácil», explica María Victoria. Esta emprendedora encontró el amor en Los Ángeles. Hace unos años se casó con joven músico americano en Estados Unidos, Jeff. A pesar de que María Victoria se siente como en casa no hay nada como estar en su verdadero hogar, España. Por ello, asegura que quiere volver en cuanto mejore la situación laboral y económica, porque echa mucho de menos a su familia y a sus amigos. Lo mejor de vivir fuera para esta joven está siendo «conocer, vivir y experimentar otra cultura. Aprender otra lengua. Tener una nueva perspectiva de tu país». ¿Lo peor?: «Estar lejos de la familia y de los amigos».

Con la construcción a otra parte
Óscar Manuel Muñoz – Tielt (Bélgica)

La burbuja inmobiliaria estalló en 2007 como consecuencia de la especulación en el mercado de bienes inmuebles en España, lo que desencadenó la caída del sector de la construcción. Con ello, los ingresos de miles y miles de personas se vinieron abajo. Incluidos los de Óscar Manuel Muñoz, un joven de 30 años, natural de Valle de Abdalajís. Por ello, hace dos años y medio decidió coger las maletas y plantarse nada menos que en Tielt, una ciudad del noroeste de Bélgica, con unos 20.000 habitantes. Desde entonces es encargado de una empresa dedicada al montaje de casas de madera, en la que trabajan 10 personas, seis de ellas españolas. Óscar afirma que la mala situación del sector de la construcción en España le empujó a salir al extranjero: «En España no había nada de trabajo y lo que había estaba muy mal pagado». Aún así afirma que tiene razones para estar contento porque en este país europeo «sobre todo me siento muy valorado». Además, está muy bien acompañado por su mujer, que trabaja como empleada en una lavandería industrial: «Todo esto hace que salir de España haya sido una buena decisión». Aún así, afirma que siempre le quedará la idea de poder volver a casa con el resto de su familia.

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