Torcal de Antequera

Decidió subir al Torcal. Necesitaba respirar aire fresco, aquella tensión se le estaba haciendo insoportable. Se adentró en la ruta “verde”, caminando sin prisa por la angosta y serpenteante vereda, esquivando las piedras con cuidado de no tropezar. Estaba a mitad de la ruta cuando decidió hacer una breve parada para beber agua. Se sentó sobre una roca plana cuya minúscula base respecto a su gran superficie, parecía imposible que pudiera sostenerla en equilibrio. Al girar la vista a su izquierda descubrió, entre dos karst de curiosa forma, una piel de serpiente; su dueña se había despojado de ella recientemente. Poco después, cuando reinició la marcha, aún se sentía un poco abrumada, pero el aire fresco de la sierra y la visión de aquel paisaje único ya le estaban cambiando el ánimo. Caía la tarde cuando llegó al centro de visitantes. Acababa de tomar una decisión. Se desharía de la carga del pasado que tanto la lastraba y empezaría de nuevo; era hora de despojarse de la piel vieja e inservible y dejarse crecer una nueva piel.

Paco Sánchez.