La música no es algo que se pueda ver, es algo que se puede sentir. Esto lo sabe bien Saray Ruiz, una joven pianista invidente que, desde pequeña, cultivó su gusto por este arte.

Saray Ruiz es una pianista antequerana que creció con la ilusión de poder cumplir un sueño. La joven cuenta que su niñez fue normal, como la de cualquiera, pero siempre muy ligada a su pasión. “Mi afición por la música comenzó muy pronto. Con cuatro años aprendí a tocar la armónica”.

La pianista relata con dulzura cómo, con apenas unos años de edad, fue capaz de tocar el disco de ‘La oreja de Van Gogh’, ante la sorpresa de su madre. “Mientras mi madre planchaba empecé a tocar el disco, ya que es un grupo que siempre me había gustado mucho. En ese momento es cuando se dieron cuenta de que realmente me gustaba la música”.

Rápidamente, su madre habló con su  profesora de la ONCE para decirle que le encantaba la música y pronto entraría en el Conservatorio, dando un paso más hacia su sueño. 

Sin embargo, sus inicios no fueron fáciles. “El piano en sí es un instrumento difícil, además yo no leía partituras, lo hacía de oído, por lo que era más complicado aún. Ahora estoy empezando a leer partituras y voy poco a poco”, relata con ilusión la joven.

A Saray la música le da, según nos cuenta, “alas”. Cuando la pianista toca se convierte en otra persona, y es capaz de apreciar la vida de una forma muy especial.  “ La música me da principalmente una sensación de libertad. Cuando estoy tocando el piano o cantando me siento con alegría y con esperanza. Es mi forma de entender la vida”.

Actualmente, Saray cursa quinto de profesional de piano en el Conservatorio de Sevilla. Pese a que no es fácil, la joven se centra en el apoyo de su familia, que siempre la ayuda a mantener la confianza. “En el Conservatorio de Sevilla hay un profesor invidente, lo que para mi es genial, ya que me entiende mejor y me ayuda a comprender de una manera más cercana la forma de hacer música y sentirla. Aunque no es fácil, siempre encuentro el apoyo de mi familia, ellos son mi pilar fundamental”.

A esta joven pianista la música le ha ayudado a ver el mundo a través de otros sentidos. La lucha y dedicación de Saray puede servir de ejemplo para todas aquellas personas que, en su misma situación, no se atrevan a hacer algo que les apasiona por miedo a no poder alcanzarlo o no ser “aptos” para ello. “Yo siempre pienso que cada persona tiene algo bueno que aportar. No considero que sea un ejemplo, pero si con mi relato puedo ayudar y llegar a aquellos que se encuentran en una situación parecida, mejor”.

El sueño de esta joven pianista es poder dedicarse plenamente a la música en un futuro. “Me gustaría ser profesora de piano, dar conciertos, poder dar a conocer mi música alrededor del mundo. Es el sueño de todo aquel que dedica su vida a esto”. 

Además de la música, otra de las pasiones de Saray es la Semana Santa. La joven es penitente de la Virgen del Socorro en Antequera, devoción que viene de familia y, sobre todo, de su padre, el cual falleció hace unos años. “Cuando siento a la Virgen cerca me emociono muchísimo, ya que es como tener a mi padre conmigo. Él la sacó durante años y esa devoción ahora está en mi. Significa mucho”. 

Saray recuerda con emoción la primera vez que pudo tocar a la Virgen. “Un día, al salir del conservatorio, mi amiga me dio una sorpresa. Me llevó a la Iglesia y mientras vestían a la Virgen, me dejaron tocarla. Fue algo mágico que jamás podré describir con palabras”.

La vida de esta joven pianista antequerana es, sin duda, un ejemplo de valentía y fortaleza que nos recuerda que no existe ninguna barrera ni obstáculo que pueda impedir cumplir un sueño.

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