
Hay nombres que cuentan una historia antes incluso de que empiece a sonar una guitarra. Porra Flamenca es uno de ellos. Más de cinco décadas han pasado desde que Archidona comenzara a reunir, allá por los años setenta, dos elementos aparentemente alejados pero profundamente vinculados a su manera de entender la cultura popular: el flamenco y una mesa compartida alrededor de la porra archidonesa.
Desde entonces ha llovido mucho. Han cambiado los escenarios, los artistas y las generaciones de aficionados, pero Archidona nunca terminó de desprenderse de aquella esencia flamenca. La existencia de la Biblioteca Flamenca Carmen Linares, la continuidad del Cabildo Flamenco «Archidona tiene nombre de mujer» y la huella intelectual y creadora del flamencólogo archidonés José Luis Ortiz Nuevo, cuyo nombre lleva la asociación flamenca local, hablan de una relación con el flamenco que no responde únicamente a la programación cultural de un momento concreto, sino a una tradición cultivada durante décadas.
Por eso la recuperación de la Porra Flamenca tiene algo de regreso. El Ayuntamiento de Archidona, a través del Área de Cultura y con el apoyo de la Junta de Andalucía y la Diputación de Málaga, recuperó este encuentro en el Paseo de la Victoria, devolviéndolo a un espacio abierto y popular, fiel a la identidad con la que nació hace más de medio siglo.
El Paseo volvió a llenarse de público para escuchar flamenco en la calle. Sin artificios innecesarios. Una guitarra, unas palmas, una voz y ese silencio particular que aparece entre el público cuando comienza un cante. El cartel reunió diferentes generaciones y formas de entender el flamenco.
Una de las grandes protagonistas de la noche fue Rocío Luna, nombre artístico de Rocío Crespillo Luna, nacida en 1998 en Cañada del Rabadán, Córdoba. Su relación con los concursos comenzó muy pronto: con apenas diez años ganó el Concurso Nacional de Arte Flamenco Ciudad de Ubrique y en 2023 alcanzó uno de los reconocimientos más prestigiosos del género al conseguir la Lámpara Minera del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión. En Archidona estuvo acompañada al toque por Francis Gómez, con las palmas de Emilio Castañeda y Petete.
También pasó por el escenario Miguel Ángel Lara «El Canario», cantaor sevillano ganador en 2023 del Concurso Nacional de Saetas de Ronda, aportando una voz formada en algunos de los registros más exigentes del cante. Junto a ellos, Araceli Campillos, nacida en Lucena en 1994, volvió a demostrar una trayectoria construida desde joven y reconocida en certámenes como el Aznaitín de Jimena o la Volaera Flamenca de Loja.
El cuadro artístico se completó con el baile de Ana Pastrana y la guitarra de David de Ana, configurando una noche en la que el cante y el baile encontraron en el Paseo de la Victoria un escenario especialmente cercano.
Pero este festival nunca fue únicamente un recital. Su propio nombre recuerda que la gastronomía forma parte de su identidad. La porra archidonesa volvió a ocupar el otro gran escenario de la noche gracias a la colaboración de la Cofradía del Huerto de Archidona, encargada de atender la barra y la degustación popular.
Y ahí aparece probablemente la imagen que mejor explica esta celebración: un público escuchando flamenco mientras comparte uno de los platos más reconocibles de la cocina local. Porque la Porra Flamenca nació precisamente con esa naturalidad, reuniendo a la gente alrededor del cante y convirtiendo la cultura en algo cotidiano, cercano y compartido.
Recuperar la Porra Flamenca significa también reconstruir un pequeño fragmento de la historia cultural de la localidad. Archidona ha mantenido durante décadas una relación singular con este arte, una relación que ha evolucionado con el tiempo pero que sigue apareciendo en sus asociaciones, en sus archivos, en sus publicaciones y en una programación cultural que ha sabido conservar espacios dedicados específicamente al flamenco.
La recuperación de la Porra Flamenca no pretende reproducir exactamente aquello que sucedía hace cinco décadas. Las tradiciones que permanecen vivas son precisamente aquellas capaces de evolucionar. Pero sí conserva algo esencial de aquel espíritu inicial: el flamenco entendido como lugar de encuentro.
El Paseo de la Victoria volvió a llenarse. El cante regresó al aire libre. La porra volvió a compartirse. Y durante unas horas distintas generaciones se encontraron alrededor de una manifestación cultural que forma parte de la historia reciente de Archidona.
Más de cincuenta años después de aquellos primeros encuentros, la Porra Flamenca vuelve a ocupar su lugar. Y quizá esa sea la mejor noticia.
Porque hay tradiciones que regresan después de mucho tiempo y otras que, en realidad, nunca terminaron de marcharse.




