Este grupo de mujeres luchadoras dieron rienda suelta a su creatividad en los momentos más difíciles de la pandemia, prestando todo su apoyo con la confección de mascarillas y gorros sanitarios que sirvieron de ayuda durante el confinamiento

‘Las chicas del crochet’, tal y como son denominadas en su pueblo, son un grupo de mujeres que, a raíz de la pandemia, empezaron a volcar todo su talento para llenar de color e ilusión su localidad, Casabermeja. Actualmente, el grupo lo compone casi 60 personas que, de manera altruista, crean bonitos proyectos para decorar y alegrar las calles del pueblo. 

“Un día, mientras hablábamos con las vecinas de la Calle Llana, comentábamos un programa de televisión en el que salían unos toldos muy bonitos. Pensamos que nosotras podríamos hacer lo mismo y nos pusimos manos a la obra”, cuenta Paqui López, una de las integrantes del grupo.

Como la idea surgió durante el confinamiento, sus inicios no fueron nada fáciles. Las chicas tenían que trabajar desde casa, pero poco a poco pudieron empezar a reunirse y dar rienda suelta a su imaginación. “Hablábamos por Whatsapp y enviábamos fotos de lo que íbamos haciendo. No había otra manera”.

Para la elaboración de los parasoles, ‘Las chicas del Crochet’ han contado, además, con la ayuda de los vecinos del pueblo, que les han ofrecido muchas telas y materiales. “Para la elaboración de los toldos hemos utilizado diferentes materiales. Muchos vecinos han querido ayudar dándonos telas y adornos. Ahora principalmente trabajamos con lana de dos cabos y lana fina, con la que el crochet sale más bonito”, detalló Paqui Ordoñez, otra de las integrantes.

Una vez hechos los parasoles, se colocaron en algunas de las calles del municipio, regalando sombra en los días más calurosos del verano. Los tejidos, hechos a cada milímetro con amor, han conseguido alegrar las calles de un pueblo que poco a poco recupera la normalidad y la ilusión.

Pero antes de ello, estas valientes chicas ya ayudaron con la confección de mascarillas para los vecinos, gorros sanitarios e incluso cortinas para los colegios, siendo su función imprescindible en los momentos más duros de la pandemia. “Durante la pandemia, a través de nuestro grupo Caridad, nos pusimos manos a la obra y fabricamos mascarillas y gorros sanitarios. Aportamos nuestro granito de arena ante una situación insólita”.

Para ellas, lo más importante es poder ayudar a su pueblo y a la comunidad, es un acto de servicio y amor hacia sus vecinos. “Somos dueñas de nuestro tiempo y hay que sacarle partido a cada momento. Si se quiere, se puede”.

El grupo, además, tiene muchas ideas en mente de cara al próximo año y están muy ilusionadas con los nuevos proyectos que se aproximan. “Aquí seguiremos trabajando. Ojalá podamos organizarnos mejor, pero ideas no nos faltan. Ahora, para navidad, seguro que improvisaremos algo bonito. Hemos parado un poco pero ya hay gente que nos pregunta por la calle cuando vamos a empezar otras cosillas”.

Las chicas del crochet son mucho más que un nombre, son mujeres valientes que han sido capaces de devolver la ilusión y el color al pueblo en un tiempo en el que todo parecía gris. “Lo que hacemos no es solo un hobbie, es una ilusión. Personas que se sienten solas y que nunca pensaban que las felicitarían ahora ven cómo su esfuerzo por fin es valorado. Somos de la generación olvidada. Esto nos da vida”.

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